Neruda compra el terreno: media hectárea con una pequeña casa de piedra a medio construir, hacia fines de 1939, a su regreso de España y Francia, impulsado por la necesidad de disponer de un lugar aislado para escribir. Este lugar de la poesía y del poeta se fue construyendo como un juego, por partes, sin un plan concebido. Casa de añoranzas y huellas viajeras es la de Isla Negra, todo aquello captado por el lente de Antonio Larrea en este libro de gran calidad fotográfica.